martes, 12 de mayo de 2015

Al turismo le faltan más vacaciones

Exceso de oferta en las plazas, precios demasiado altos a los que le debería corresponder al mercado o falta de vacaciones. Eso es lo que se extrae del INE de los datos de ocupación de hoteles, apartamentos y alojamientos en 2014. Si bien hemos de decir que estos se encuentran a un porcentaje más bien alto durante la temporada estival, durante el resto del año no parece que tengan mucho trasiego de visitantes.



Este sector caracterizado por la temporalidad no logra remontar el vuelo en otras fechas que no sean las señaladas por el calendario. Tal vez sea la rigidez de los horarios y las jornadas laborales, o que no tenemos el espíritu aventurero de nuestros jóvenes que mencionaba Marina del Corral. Pueden ser muchos los motivos pero lo que es cierto es que los hoteles en 2014 tuvieron una ocupación media del 55%, y estos fueron los que mejor estuvieron, campamentos turísticos al 37%, apartamentos al 40 y alojamientos rurales al 15%.

En lo que al asunto rural atañe, las estancias medias son bastante cortas (no llegan a los 3 días) y en agosto la cosa no repunta mucho (solo sube un día). El turismo rural tiene un deber pendiente, y es atraer a los viajeros foráneos, solo un 16,49% de los alojados hablaban una lengua extranjera.


La estacionalidad es otro hándicap, aunque quizás menos que para otro tipo de establecimientos, los meses de mayor concentración son los de julio y agosto, pese a que los tres anteriores y los dos posteriores no presentan una bajada muy significativa. Los meses más duros son enero, febrero, marzo y noviembre pero como señalábamos más arriba la escasa ocupación es el principal problema, la más alta llega en agosto con casi más de un 40% de habitaciones ocupadas, sin embargo julio se rebaja casi a la mitad con un 26% y el resto de meses se mantiene por debajo del 20%, con abril y septiembre como meses de mayor ocupación.

Por comunidades, aquellos que son más suyos y regentan los alojamientos más cercanos a residencia son catalanes, madrileños y canarios, los que deciden emigrar o bien a un lugar vecino, a uno más recóndito o bien no moverse de su casa son: cántabros, riojanos y asturianos.


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