El pasado mes de diciembre veíamos en
El País una noticia
con los datos que arrojaba un barómetro sobre el turismo rural en
España. En ella se mencionaban muchos aspectos y números del
sector, pero hubo tres que nos llamaron poderosamente la atención. Y
no, nos referimos a que la chimenea fuera algo determinante en la
elección de los viajeros.
Los datos dicen que un 80% de todas las
casas no están adaptadas a personas con discapacidad. Un 80%, que se
dice pronto. No comprendemos cómo en una sociedad que día a día se
va a concienciando más sobre la accesibilidad, ya sea en las calles,
la educación o los medios de transporte, un sector tan importante
como el turismo rural haya dejado de lado a este segmento de la
población. Desde aquí lanzamos esta llamada de atención con la
esperanza de que sirva para que la situación cambie.
Del mismo modo, sólo un 24% de casas
rurales ofrecen servicios dirigidos a los niños. Es decir, un 76% no
tiene ninguna actividad exclusiva para los más pequeños. Con una
población que cada vez se vuelve más urbana, no sólo en España,
sino en todo el mundo, de vez en cuando nos escandalizamos porque
haya niños que no sepan que la leche viene de las vacas, o no
aprecien el inmenso valor del aire puro que nos proporcionan los
árboles. Nos quejamos de que ya no salen a la calle y que están
todo el día mirando a una pantalla. Bueno, pues es hora de ofrecer
alternativas en las casas rurales. Las posibilidades son muchas,
desde rutas didácticas hasta talleres de cocina.
Finalmente, un 60% de las casas rurales
no acepta animales de compañía. Dada la naturaleza de estos
alojamientos, esto es como si un bar no dejara consumir alcohol, un
estadio prohibiera jugar al fútbol o fabricaran un smartphone sin
internet. Un total sinsentido. También hay quien clama que la ciudad
no es lugar para mascotas, que cómo un perro va a ser feliz en un
piso de un bloque de diez alturas. ¿Y hay acaso un lugar más libre
para una mascota que una casa rural? ¿Hay de verdad algún problema
con los animales en el turismo rural? A quien corresponda, ¡póngase
las pilas!
