Cuando pensamos en veranear en
una isla como Palma de Mallorca, pensamos en sus playas y en su clima. Sin
embargo, Palma es mucho más que eso. Su turismo no solo es de costa, sino que
sus calles guardan un encanto histórico y cuenta con grandes monumentos.
El primero de esos monumentos es
la Catedral. Situado a orillas de la bahía y del
puerto pesquero, cuenta con unas bóvedas muy altas y con un enorme rosetón. Al
estar situada en una parte alta, es visible desde toda la ciudad.
Muy cerca de allí, se encuentra
el Palacio de la Almudaina. Se trata de un antiguo
palacio árabe que ahora se utiliza como museo. Dentro de él, encontramos la Capilla de Santa Ana.
Su encanto se encuentra en el estilo de la construcción. Pese a tener aspecto
de fortaleza árabe, la capilla es de estilo gótico, lo que produce una bella
mezcla de estilos.
Y si seguimos con construcciones
góticas. Al lado del Paseo Sagrera nos
encontramos con La Lonja. Conocida
en la isla como “Sa Llotja” es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura
gótica en nuestro país. Símbolo de Palma, a día de hoy se utiliza para realizar
exposiciones.
Aunque para exposiciones las que
podemos ver en Es Baluard. Es el museo de arte contemporáneo de
la isla y podemos ver allí las obras internacionales más importantes de
artistas como Picasso. Todo el arte desde el siglo XIX hasta
nuestros días. No es el único museo de Palma, hay otros importantes como la Fundación Pilar y Joan Miró.
Si nos adentramos en su Casco Histórico podemos disfrutar de dos de sus
lugares más emblemáticos: la Plaza Mayor y el Ayuntamiento. Repletas siempre de
turistas, las calles del Casco Histórico conservan en algunos lugares un
aspecto adoquinado y antiguo que le dan un gran encanto. Te sientes envuelto
por la historia de la isla. Otros lugares de interés dentro del Casco son la Plaza de Cort, el Palau Vivot o la
iglesia de Santa Eulària.


